La Universidad de Coimbra, que fue la primera de Portugal, nos sirvió el viernes 24 de septiembre de 2010 de precedente cultural a nuestro viaje de X aniversario a Lisboa. Una capital con toques de historia congelada, donde al pasear por sus calles a uno le parece estar en una ciudad degradada, pero que en sus tiempos pretéritos fue cabeza de un imperio. Lo mejor quizá sea poder verlo casi todo tranviando, porque sus tranvías del siglo pasado están perfectamente restaurados y en funcionamiento.
En Coimbra vimos la Biblioteca Joanina de la Universidad, una obra maestra del barroco europeo de tiempos de Juan V de Portugal a principios del siglo XVIII. También el Palacio Rectoral y el Paraninfo (donde justo un aspirante a doctor se encontraba en plena defensa de su tesis ante su Tribunal). Conocimos a pie la Catedral y el centro histórico de Coimbra hasta llegar al muelle sobre el río Mondego, que paseamos en un crucero fluvial, justo antes de ir a la cena de clausura del XIV Encuentro AECA 2010 en el restaurante-museo Machado Castro con algunas de las ruinas romanas de Coimbra (entonces la lamaban Aeminium) y que se encontraban justo debajo. Antes de rendir cuentas al sueño, un concierto de música tradicional portuguesa nos ayudó a estimualr la digestión y el relax.
Al día siguiente, de camino a Lisboa, visitamos de paso el Santuario de Fátima, en el que la fe y la devoción se dan la mano en busca de la esperanza. En poco menos de 2 horas en coche llegamos a Lisboa y después de dejar nuestras maletas en el hotel, comimos en un restaurante tradicional portuges (pulpo y bacalao a la brasa, regado de vino verde) cerca de la Praça dos Restauradores. Esta plaza con un obelisco central conmemora la liberación del país del dominio español en 1640. Al sur de esta plaza, casi pegada, se encuentra la Praça de D. Pedro IV (con un Teatro principal en uno de sus lado) y en el otro se accede a la Rua Augusta, que es peatonal y está llena de restaurantes y tiendas. Sin duda que estos puede decirse que son los lugares mas céntricos de la ciudad.
Siguiendo por la Rua Augusta llegas a desembocar en la Praça do Comerço, una plaza amplia, parecida a la plaza mayor de Madrid pero abierta en uno de sus lados al río Tejo (Tajo). Desde aquí se coge el tranvía en dirección a la Torre de Belem y el Monasterio de los Jerónimos, que visitamos el el domingo por la mañana. Aunque nos recomendaron ir al Elevador de Santa Justa, que es un ascensor público que se puede coger para subir al Bairro Alto de Lisboa, preferimos verlo en el tranvía 28, que nos llevó hasta el Castillo de San Jorge y las callejuelas de la parte antigua de Lisboa. No llegamos a entrar a ver el Castillo, aunque en los alrededores hay unas vistas inmejorables de la ciudad. Dejamos el tranvía 28, descendiendo a pie por la Alfama, callejuelas por donde caben dos personas, ropa tendida en las puertas y una sensación de cierto ambiente degradado que sólo se puede vivir paseando cuesta abajo hasta llega a ver la Catedral.
Para ir al barrio de Belem bajamos hasta la Praça do Comerço y allí el tranvía 15 te lleva en dirección a una gran plaza con el Monasterio a la derecha y jardines a la izquierda, es la parada del Monasterio de los Jerónimos. Un poco más allá en dirección al Teja, vimos el monumento a los Descubridores y cenamos en restaurante familiar justo al lado del río. El Monasterio es impresionante, muy grande y bonito tanto por dentro como por fuera, pero muy cerca del monasterio hay una Cafetería/Pastelería que se llama "Pasteis de Belem”. Decidimos desayunar allí el domingo, aprovechando el coche de alquiler antes de devolverlo en el aeropuerto.
Fue una acertada idea el desayuno con los típicos y ricos pasteles de crema de Belem (recién hechos, calentitos, están riquísimos). Después del pastel ya solo nos quedaba la guinda del viaje en Lisboa: la Torre de Belem, que se encuentra al seguir por la orilla del río desde el monumento hacia la desembocadura. La Torre está abierta y el acceso es gratuito. Se ve rápido y es muy bonita, con buenas vistas del río, el enorme puente colgante 25 de Abril y en la otra orilla junto a dicho puente el Cristo Rei, una estatua igual a la de río de Janeiro de Cristo con los brazos en cruz. Pero desde Lisboa no cruzamos el Atlántico, por ahora nos tocó regresar a Madrid.
Al poco de nuestro retorno, el 27 de septiembre, tuvo lugar una presentación por el Secretario General de la OCDE, Angel Gurría, de un informe sobre la economía portuguesa y se mostró confiado en que Portugal logre "superar esta crisis", señalando que la "ambiciosa" estrategia de consolidación fiscal puesta en marcha por el ejecutivo portugués debe ser respaldada por un "fuerte consenso político" como el que el país ya logró alcanzar en el pasado y que permitiría profundizar en el proceso de reforma estructural que está en camino. Con ello Portugal no sólo mejorará su productividad y los standards de vida, sino que será mucho más resistente en futuras crisis. Dentro de unos años, quizá podamos volver al país vecino para constatar si somos más bien "primos-hermanos".
En Coimbra vimos la Biblioteca Joanina de la Universidad, una obra maestra del barroco europeo de tiempos de Juan V de Portugal a principios del siglo XVIII. También el Palacio Rectoral y el Paraninfo (donde justo un aspirante a doctor se encontraba en plena defensa de su tesis ante su Tribunal). Conocimos a pie la Catedral y el centro histórico de Coimbra hasta llegar al muelle sobre el río Mondego, que paseamos en un crucero fluvial, justo antes de ir a la cena de clausura del XIV Encuentro AECA 2010 en el restaurante-museo Machado Castro con algunas de las ruinas romanas de Coimbra (entonces la lamaban Aeminium) y que se encontraban justo debajo. Antes de rendir cuentas al sueño, un concierto de música tradicional portuguesa nos ayudó a estimualr la digestión y el relax.
Al día siguiente, de camino a Lisboa, visitamos de paso el Santuario de Fátima, en el que la fe y la devoción se dan la mano en busca de la esperanza. En poco menos de 2 horas en coche llegamos a Lisboa y después de dejar nuestras maletas en el hotel, comimos en un restaurante tradicional portuges (pulpo y bacalao a la brasa, regado de vino verde) cerca de la Praça dos Restauradores. Esta plaza con un obelisco central conmemora la liberación del país del dominio español en 1640. Al sur de esta plaza, casi pegada, se encuentra la Praça de D. Pedro IV (con un Teatro principal en uno de sus lado) y en el otro se accede a la Rua Augusta, que es peatonal y está llena de restaurantes y tiendas. Sin duda que estos puede decirse que son los lugares mas céntricos de la ciudad.
Siguiendo por la Rua Augusta llegas a desembocar en la Praça do Comerço, una plaza amplia, parecida a la plaza mayor de Madrid pero abierta en uno de sus lados al río Tejo (Tajo). Desde aquí se coge el tranvía en dirección a la Torre de Belem y el Monasterio de los Jerónimos, que visitamos el el domingo por la mañana. Aunque nos recomendaron ir al Elevador de Santa Justa, que es un ascensor público que se puede coger para subir al Bairro Alto de Lisboa, preferimos verlo en el tranvía 28, que nos llevó hasta el Castillo de San Jorge y las callejuelas de la parte antigua de Lisboa. No llegamos a entrar a ver el Castillo, aunque en los alrededores hay unas vistas inmejorables de la ciudad. Dejamos el tranvía 28, descendiendo a pie por la Alfama, callejuelas por donde caben dos personas, ropa tendida en las puertas y una sensación de cierto ambiente degradado que sólo se puede vivir paseando cuesta abajo hasta llega a ver la Catedral.
Para ir al barrio de Belem bajamos hasta la Praça do Comerço y allí el tranvía 15 te lleva en dirección a una gran plaza con el Monasterio a la derecha y jardines a la izquierda, es la parada del Monasterio de los Jerónimos. Un poco más allá en dirección al Teja, vimos el monumento a los Descubridores y cenamos en restaurante familiar justo al lado del río. El Monasterio es impresionante, muy grande y bonito tanto por dentro como por fuera, pero muy cerca del monasterio hay una Cafetería/Pastelería que se llama "Pasteis de Belem”. Decidimos desayunar allí el domingo, aprovechando el coche de alquiler antes de devolverlo en el aeropuerto.
Fue una acertada idea el desayuno con los típicos y ricos pasteles de crema de Belem (recién hechos, calentitos, están riquísimos). Después del pastel ya solo nos quedaba la guinda del viaje en Lisboa: la Torre de Belem, que se encuentra al seguir por la orilla del río desde el monumento hacia la desembocadura. La Torre está abierta y el acceso es gratuito. Se ve rápido y es muy bonita, con buenas vistas del río, el enorme puente colgante 25 de Abril y en la otra orilla junto a dicho puente el Cristo Rei, una estatua igual a la de río de Janeiro de Cristo con los brazos en cruz. Pero desde Lisboa no cruzamos el Atlántico, por ahora nos tocó regresar a Madrid.
Al poco de nuestro retorno, el 27 de septiembre, tuvo lugar una presentación por el Secretario General de la OCDE, Angel Gurría, de un informe sobre la economía portuguesa y se mostró confiado en que Portugal logre "superar esta crisis", señalando que la "ambiciosa" estrategia de consolidación fiscal puesta en marcha por el ejecutivo portugués debe ser respaldada por un "fuerte consenso político" como el que el país ya logró alcanzar en el pasado y que permitiría profundizar en el proceso de reforma estructural que está en camino. Con ello Portugal no sólo mejorará su productividad y los standards de vida, sino que será mucho más resistente en futuras crisis. Dentro de unos años, quizá podamos volver al país vecino para constatar si somos más bien "primos-hermanos".