Desde hace tiempo se viene hablando del riesgo de un "contagio" de Portugal a España, sobre todo por muchos que no son "médicos", si a caso más bien "curanderos" de nuestras finanzas. Quizá bastaria con que observaran la realidad pedestre de lo que sucede cuando se quita el tapón de una bañera llena de agua y el "efecto sumidero" que se produce cuando se llega casi al final de su vaciado, para entender lo que puede llegar a ocurrir en la Península Ibérica.
Entre España y Portugal sólo hay una difusa línea fronteriza, y a nivel internacional no son tantos los que llegan a diferenciarnos en el mapa geo-político. Aun así, podemos estar seguros de que sí atenderán al hecho de que una parte importante de la deuda pública y privada de Portugal afecta directamente a los bancos españoles y que el nuevo cuadro macroeconómico presentado recientemente por el Gobierno de España ofrece expectativas poco alentadoras ya que contempla un menor crecimiento del Producto Interior Bruto para 2012 del calculado anteriormente por nuestra Ministra de Economía y también una mayor tasa de paro para este año y 2012.
Todo apunta a que Bruselas evitará que siga vaciándose la economia portuguesa y taponarán a corto plazo el "sumidero ibérico". De ahí que de momento (pero sólo de momento) el interés que a nivel internacional se exige a España aún sea significativamente inferior al de Portugal. Pero España no debe confiarse, porque a partir de ahora ya no estarán ni griegos, ni irlandeses, ni portugueses en el punto de mira de la desconfianza financiera internacional, que siempre se traduce en la indeseable subida de tipos sobre el riesgo país.
Con todo, nuestro actual Gobierno (en particular, su Presidente y Ministra de Economía) sigue confiando en que nos salvará el tamaño de nuestro "pie" y nuestros mensajes de ausencia de "riesgos de contagio luso". Pero es tan poca la fiabilidad de sus "medidas" y "estimaciones" que ya no generan confianza en el desempeño de su "oficio". Vienen demostrando de largo que no sirven como "zapateros", ni como "curanderos", ni siquiera para evitar que después de Portugal, acabemos en el "desagüe" europeo. Para que eso no suceda nos valdría más un buen "fontanero" que tanto "remendón" y "agorero".